HISTORIAS DE ESPERANZA

Detrás de cada vida, hay una historia que merece ser contada

Cada persona que llega a la Fundación trae consigo una historia, un desafío y un sueño. Aquí compartimos algunas de las vidas que han encontrado una oportunidad para crecer, prepararse y construir un futuro diferente.

HISTORIAS DE ESPERANZA

Una oportunidad para cambiar el futuro de una familia.

Ashley Virginia Urdaneta Martínez llegó a Armenia, Quindío, desde Venezuela buscando algo que muchas veces parecía difícil de encontrar: una oportunidad para salir adelante.

 

Nació el 25 de diciembre de 2004 en Yaracuy, Venezuela. Debido a la difícil situación que atravesaba su país, decidió emprender un camino hacia Colombia con la esperanza de construir una vida diferente.

 

Pero llegar no fue fácil.

 

Durante sus primeros días enfrentó grandes dificultades. Dormía sobre cajas de cartón, vendía café y caramelos en las calles y luchaba cada día por encontrar una forma de sobrevivir.

En medio de esa realidad, Ashley conoció la Fundación Manos Unidas de Dios.

 

Una oportunidad para comenzar de nuevo.

 

La Fundación la recibió como estudiante y le abrió la puerta a un proceso de formación que cambiaría el rumbo de su historia.

 

Ashley comenzó a prepararse como Auxiliar de Enfermería y en el área de Geriatría, mientras construía un nuevo proyecto de vida.

 

Pero la oportunidad significó mucho más que estudiar.

 

Encontró un lugar donde recibir vivienda, alimentación y acompañamiento, mientras avanzaba en su formación personal y profesional.

 

Poco a poco, aquello que parecía un futuro incierto comenzó a llenarse nuevamente de posibilidades.

 

Hoy, Ashley vuelve a soñar.

 

La historia de Ashley nos recuerda que una oportunidad puede llegar en el momento en que más se necesita.

 

Hoy, continúa preparándose para el mundo laboral y construyendo las bases de una vida diferente.

 

Lo que comenzó como una búsqueda por sobrevivir se ha convertido en la oportunidad de soñar, prepararse y construir un futuro con propósito.

 

Porque cuando una persona encuentra las herramientas y el apoyo necesarios, su historia puede comenzar a cambiar.

 

Y Ashley es una de las muchas historias que nos recuerdan por qué seguir creando oportunidades importa.



Ashley Virginia Urdaneta Martínez

Estudiante – Programa La Vida con un Propósito

Rubelina García Chamarra

Estudiante – Programa La Vida con un Propósito

HISTORIAS DE ESPERANZA

Una oportunidad para cambiar el futuro de una familia.

Rubelina García Chamarra nació en el año 2000 y pertenece a la etnia Wounaan, del resguardo indígena Unión Pitalito, en las montañas del departamento del Chocó.

 

Llegar hasta su comunidad puede tomar aproximadamente siete horas en lancha, río adentro. La distancia y el aislamiento hacen que acceder a oportunidades de educación y formación sea un desafío para muchas personas de esta región.

 

Rubelina es madre de un niño de siete años y, desde pequeña, ha conocido las dificultades que enfrentan muchas comunidades indígenas para acceder a una educación que les permita construir nuevas oportunidades.

 

Pero su historia comenzó a tomar un nuevo rumbo cuando conoció la Fundación Manos Unidas de Dios.

 

Una oportunidad que llegó desde lejos.

 

En la Fundación encontró mucho más que un lugar para estudiar.

 

Encontró una familia, un propósito y la posibilidad de prepararse para construir un futuro diferente.

 

Gracias a esta oportunidad, Rubelina comenzó su formación como Auxiliar de Enfermería y Auxiliar de Geriatría, adquiriendo conocimientos y herramientas que pueden abrirle las puertas a un empleo digno.

 

Hoy, mientras se acerca a la culminación de su proceso de formación, puede mirar hacia adelante con una nueva esperanza.

 

Cuando una oportunidad transforma más de una vida.

 

Para Rubelina, esta experiencia significa la posibilidad de construir un mejor futuro para ella y para su hijo.

 

Pero su historia va más allá.

 

Cuando una persona de una comunidad apartada recibe acceso a educación y formación, la oportunidad puede multiplicarse dentro de su familia y su comunidad.

 

Su historia nos recuerda que la distancia no debería determinar hasta dónde puede llegar un sueño.

 

Tú puedes ayudar a que más historias sean posibles.

 

La historia de Rubelina comenzó a cambiar porque alguien decidió abrirle una puerta.

 

Hoy, muchas otras personas esperan una oportunidad para estudiar, formarse, encontrar un camino y construir un futuro diferente.

 

Tu donación puede ayudar a que esa oportunidad llegue a alguien más.

 

Puedes contribuir a la educación, alimentación, alojamiento y formación integral de jóvenes como Rubelina, permitiendo que más vidas encuentren un camino hacia nuevas oportunidades.

 

Cuando decides donar, no solamente estás apoyando un programa. Estás ayudando a construir una historia que todavía no ha sido escrita.

 

Porque una oportunidad puede cambiar una vida. Y una vida transformada puede cambiar el futuro de una familia.

El impacto va más allá.

Una oportunidad puede cambiar una vida.
Y cuando esa vida encuentra un nuevo camino, el impacto puede

llegar mucho más lejos.

HISTORIAS DE ESPERANZA

La oportunidad que volvió para transformar otras vidas.

Albert Santiago Sánchez nació el 3 de marzo de 2003 en Yopal, Casanare, y creció en San Luis de Palenque, en el seno de una familia humilde.

 

Desde muy pequeño conoció las dificultades de la vida. Cuando tenía apenas cuatro años, perdió a su madre a causa del cáncer. Su padre asumió entonces la responsabilidad de sacar adelante a Albert y a sus tres hermanos, trabajando con esfuerzo para brindarles un futuro mejor.

 

A pesar de las circunstancias, Albert encontró una oportunidad que cambiaría el rumbo de su vida.

 

Una puerta hacia un nuevo futuro.

 

A través de una vecina, Doña Julia, conoció la Fundación Manos Unidas de Dios y tuvo la oportunidad de ingresar como estudiante becado.

 

En la Fundación comenzó su formación como Técnico Auxiliar de Enfermería y Técnico en Geriatría y Gerontología, estudios que logró culminar satisfactoriamente.

 

Pero su proceso fue más allá de adquirir conocimientos.

 

Encontró herramientas para construir su proyecto de vida, prepararse para el mundo laboral y descubrir nuevas posibilidades para su futuro.

 

Una oportunidad que se multiplica.

 

Después de completar su formación, Albert regresó a su tierra.

 

Con el tiempo, la vida le dio la oportunidad de volver a la Fundación, esta vez para integrarse a su equipo como coordinador de estudiantes.

 

La misma institución que un día abrió una puerta para él, ahora le permitía acompañar a otros jóvenes que, como él, buscaban una oportunidad para transformar sus vidas.

 

Su historia demuestra que el impacto de una oportunidad no termina cuando una persona se gradúa.

 

Cuando una vida cambia, también puede convertirse en una fuerza para cambiar otras vidas.

 

Hoy, Albert hace parte de la institución que contribuyó a transformar su propio camino y continúa siendo parte de una misión que abre oportunidades para jóvenes de diferentes lugares del país.



Albert Santiago Sánchez

Coordinador de Estudiantes – Fundación Manos Unidas de Dios

Andrea Yulitza Gutiérrez

Equipo de Atención al Adulto Mayor – Fundación Manos Unidas de Dios

HISTORIAS DE ESPERANZA

Servir a los demás también transforma nuestra propia vida.

Andrea Yulitza Gutiérrez tiene 23 años y nació en Yopal, Casanare. Es hija única y creció en un hogar humilde, donde sus padres le enseñaron desde pequeña el valor del respeto, la honestidad y el servicio a los demás.

 

Antes de llegar a la Fundación Manos Unidas de Dios, Andrea tuvo la oportunidad de servir como Auxiliar de Policía, una experiencia que fortaleció en ella la disciplina, la responsabilidad y el compromiso con su comunidad.

 

Pero su camino estaba a punto de tomar un nuevo rumbo.

 

Una oportunidad para aprender a servir.

Después de esta etapa, Dios abrió para Andrea la oportunidad de ingresar a la Fundación.

Lo que inicialmente pudo parecer una oportunidad laboral se convirtió en una experiencia que transformaría profundamente su manera de ver la vida.

Al comenzar a trabajar con adultos mayores, descubrió que cuidar de una persona requiere mucho más que conocimientos.

Requiere paciencia, amor, dedicación y, sobre todo, vocación.

Cada día junto a ellos se convirtió en una oportunidad para aprender, fortalecer su carácter y comprender el verdadero significado de servir.

Cuidar también es transformar.

Andrea aprendió a valorar los pequeños detalles, a escuchar con el corazón y a comprender las historias que hay detrás de cada persona.

A través de su experiencia adquirió conocimientos, habilidades y herramientas para brindar una atención integral a los adultos mayores, pero también recibió algo que va mucho más allá de una formación profesional.

Descubrió que cada persona tiene una historia que merece ser escuchada y una vida que merece ser tratada con dignidad.

Hoy, Andrea agradece a Dios y a la Fundación por haberle permitido vivir esta experiencia y continúa comprometida con contribuir al bienestar y la dignidad de los adultos mayores.

Su historia nos recuerda algo esencial:

Cuando servimos a otros con amor, también transformamos nuestra propia vida.



TÚ TAMBIÉN PUEDES SER PARTE

Estas historias comenzaron con una oportunidad.

Detrás de cada historia hay personas que decidieron creer que una vida podía ser diferente. Hoy, muchas otras personas esperan una oportunidad para estudiar, trabajar, crecer y construir un futuro con dignidad.

Tu apoyo puede ayudar a que la próxima historia de esperanza

también sea posible.

Tú puedes ayudar a crear la próxima historia.

Cada donación nos ayuda a brindar alimentación, acompañamiento y oportunidades a personas y familias que más lo necesitan.